Sunday
December 10, 2017
Friday, May 19, 2017

El lento viaje a China

Dos semanas atrás, nuestro editorial sobre el encuentro del presidente Mauricio Macri con su colega estadounidense Donald Trump en Washington concluía que la Argentina necesitaba hallar el equilibrio entre el servilismo de los ’90 y la hostilidad innecesaria de los gobiernos kirchneristas. Si bien aquella hostilidad no se extendió en absoluto a Beijing, se podría decir lo mismo ahora del viaje de Macri a la China en relación con la necesidad de un equilibrio.

La cobertura mediática de aquella visita suele caer bajo uno de dos extremos. Los medios masivos en gran parte festejan las megainversiones prometidas desde el 2014 (cuando no 2004), el vasto mercado chino de 1.300 millones de consumidores y hasta la posibilidad de que los países del sudeste asiático se sumen a la fiesta. Esta visión optimista pasa por alto verdades inconvenientes como el hecho de que uno de los mayores acuerdos de inversión con China (el acuerdo de las represas hidroeléctricas de Santa Cruz) contenga una cláusula de incumplimiento cruzado por la cual en caso de cancelación, se cortaría el crédito chino para el proyecto del ferrocarril Belgrano, y lo cierto es que estas represas han sido frenadas por un fallo de la Corte Suprema que ordenó un estudio de impacto ambiental. La perspectiva optimista del mercado chino también ignora que la Argentina importa de la mayor potencia industrial del mundo más de dos veces los 5.000 millones de dólares aproximados que exporta, en gran parte materias primas. A la vez, el entusiasmo por el sudeste asiático olvida que estos países son candidatos mucho más fuertes para la tercerización china que una Argentina costosa y lejana. Sin embargo, son totalmente equivocados los intentos opositores de menospreciar la visita en sí con la frase un tanto racista de “cuento chino” que buscaría distraer la atención de los problemas domésticos con ventajas totalmente imaginarias en el exterior. Aunque tan sólo sea porque el gobierno anterior de Cristina Fernández de Kirchner hizo mucho para mejorar la relación con China (con el padre de Macri como una de sus puntas de lanza). De hecho, si existiera tal cosa como “política de Estado” en la Argentina, debería ser que el rechazo a China sencillamente no es una opción, y menos aún ante las actitudes proteccionistas de Estados Unidos. ¿Los críticos de Macri estarían más felices si éste se hiciera eco de la retórica xenófoba de Trump hacia el principal rival de Estados Unidos (algo que no se refleja totalmente en la práctica)?

Los esfuerzos de Macri por reconectar a la Argentina con el mundo probablemente sean el aspecto más positivo de este gobierno, pero en su búsqueda obsesiva de inversiones, podría preguntarse por qué se las pide a un país con sólo dos tercios del ingreso per cápita de la Argentina en lugar de aspirar a los ahorros domésticos, y por qué ese país tiene más de tres billones de dólares en reservas de moneda extranjera en contraste con los 50.000 millones que tiene el Banco Central de esta nación. Quizás Macri pueda ganar algo con su visita a la China con tan sólo observar y aprender en vez de correr tras los acuerdos

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